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Obviamente, y por ser casi condición humana, a todos nos gusta estrenar. Lo nuevo proporciona un placer muy especial que es difícil de definir. De seguro alguna vez nos hemos subido al automóvil de algún amigo que acaba de estrenarlo y hemos utilizado la expresión “Todavía huele a nuevo”, porque resulta placentero al olfato y en general a la mayoría de nuestros sentidos. Todos sabemos reconocer perfectamente ese aroma.
Estrenar provoca además todo tipo de sensaciones, y no solo las propias. Estrenar se asocia con condiciones de “status” y posición social. Estrenar provoca admiración o hasta la envidia de terceros.
Pero, ¿qué mas lleva a algunas personas a decidir por la compra de una casa o un departamento nuevo? ¿Qué les impulsa a esa decisión además del olor de las alfombras nuevas? Por cierto éstas últimas en realidad cada vez menos codiciadas por los adquirentes quienes aducen razones de higiene y moda.
La explicación mas sólida que he encontrado en el mercado, aunque no deja de ser una apreciación personal, es que los inmuebles nuevos han sido preferentemente aceptados sobre los de uso previo y por tanto se han desplazado a un mejor ritmo, porque los compradores asumen que el trámite y los requisitos para la obtención de un crédito hipotecario para poder realizar su adquisición serán mas simples.
El adquirente de un departamento, en algún edificio nuevo, interpreta que el constructor o desarrollador tiene ya gestionado el crédito, o al menos muy avanzado su trámite, y que eso simplificará o reducirá los requerimientos para su obtención. O quizá incluso, que se le podrá ayudar a solventar algún faltante o a reparar algún “pecadillo” en el buró de crédito. Todo esto en su mayor parte es falso. La dificultad para la gestión de un crédito para una vivienda nueva, en esencia y en la práctica, es muy semejante sino que idéntica a la que se da para una casa usada.
Y aunque quizá no hay una respuesta de validez universal en el tema que nos ocupa, es posible pensar que si partimos de la base de que los requisitos para obtener el crédito hipotecario serían iguales, el comprador podría comprar “mas casa” por cada peso invertido si opta por una vivienda usada. O bien podrá comprar en una mejor ubicación a cambio de los mismos pesos invertidos. Y no olvidemos una vieja regla que dice que tratándose de inmuebles hay solo tres reglas que aplican. Ubicación, ubicación y ubicación. Si pensamos en un factor de conservación del valor o plusvalía, esto podría ser decisivo.
El adquirir un inmueble en condominio, al optar por el usado, el comprador tiene adicionalmente la ventaja de verlo ya operando, es decir conocer su funcionamiento, el ambiente que priva entre los vecinos, e incluso el estado de cuenta del administrador y poder analizar que tan bien se pagan las cuotas de mantenimiento, porque de ello dependerá en mucho la conservación del edificio, y por ende también su plusvalía.
Cómo vemos, la vivienda de segundo uso puede ser también una excelente alternativa si se renuncia al placer de estrenar.
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