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Queda en la memoria de muchos un fantasma no muy definido que es el recuerdo de los problemas generados a los acreditados y a la propia banca nacional por aquel fatídico error de Diciembre del año 1994 que derivó en algunos casos (aún no se conoce una cifra oficial que se aproxime a la realidad) en la pérdida de la casa para determinadas familias.
La psicosis que aquello produjo no ha terminado. Para algunas personas es casi como un recuerdo de una etapa diabólica que les impulsa a seguir pensando que el crédito hipotecario es un producto nefasto al que nunca se acercarán, aún cuando ellos no hayan resultado afectados directamente. Para otros, quienes realmente vieron perdida una parte, quizá la mas sensible de su patrimonio, representa el recuerdo de una de las etapas más oscuras en su vida económica.
Pero, ¿cuál es la realidad de los créditos hipotecarios que hoy vemos ofrecidos en la televisión, revistas, páginas de Internet y todos los escaparates que la publicidad permite? ¿Realmente son tan buenos como se anuncian? ¿Es realmente la oportunidad para acrecentar el patrimonio familiar y cumplir el sueño anhelado de la casa propia?.
Veamos, para muchos de los que hoy nos encontramos en una edad para ser sujetos de crédito, según lo establecen los propios bancos, es decir entre los veinte y sesenta y cinco años, y que por lo tanto hemos estado económicamente activos en las últimas cuatro décadas, realmente nunca nos tocó ver en ese pasado productos hipotecarios tan interesantes en sus condiciones. Desde los años sesenta en que muchas familias mexicanas, y no necesariamente las mas adineradas, pudieron adquirir inmuebles para uso propio o bien como una inversión de carácter patrimonial, nunca tuvimos a nuestro alcance créditos tan favorables como los que hoy se nos presentan.
Hace cuarenta años las condiciones básicas eran semejantes, es decir los plazos y tasas eran del orden de los quince años y del diez u once por ciento anual respectivamente, lo que como punto de partida resulta parecido a lo que hoy se puede conseguir como punto de partida con la mayoría de los bancos. Las diferencias importantes y que hacen más atractivos los créditos del presente respecto de aquellos, aparecen cuando entramos al detalle fino. Entre los aspectos que en la actualidad tenemos es que la mayoría de las instituciones crediticias ofrecen reducciones de tasas a sus clientes cumplidos o puntuales, seguros de desempleo que cubrirán los pagos en dicho caso, y también la mezcla y apoyo en el crédito por las instituciones sociales como el Infonavit o Fovissste, que permiten al acreditado beneficiarse del ahorro pasado y de las aportaciones patronales por ese rubro al futuro.
Es decir, los productos existentes y que se ofrecen hoy en día en el mercado hipotecario, y en el sector inmobiliario en forma indirecta, son por muchas razones mejores que aquellos que quizás permitieron a las generaciones de nuestros padres o abuelos adquirir sus casas y otros bienes raíces. Hoy tenemos frente a nosotros los mejores créditos hipotecarios en los últimos cuarenta años o quizá en la historia económica del país. Para muchas personas el desperdiciar ésta situación crediticia y no adquirir algún inmueble, representa casi un pecado capital, mejor que nunca usada esa expresión, puesto que representa el dejar de acrecentar el patrimonio familiar y de asegurar un futuro con mayor estabilidad a sus hijos. En resumen, estamos ante el mejor crédito en nuestra vida.
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