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Bueno, en realidad fueron sólo cuatro por falta de tiempo, pero valió la pena. Empezamos en el Salón Victoria, ubicado en la calle del mismo nombre esquina con López. Una típica cantina del centro de la ciudad, con una ambientación sobria (que ironía), es el típico lugar donde puedes pasar toda una tarde departiendo con buenos amigos, buenos tragos, domino y, si es miércoles o sábado, un par de buenos partidos de futbol.
La especialidad de la casa es el cabrito, el cuál estaba muy rico. Los diferentes filetes de carne, la paella y los pescados me dicen que también estaban buenos. Entre 200 y 250 pesos por comensal, claro, si se bebe con moderación.
Enfrente está la Bella Ferrolana, igualmente con una apariencia típica de una buena cantina de la zona, con una carta que incluye tortas (no las pude probar pero se veían muy buenas) ensaladas, sopas y carnes tipo milanesa, arracheras, etc. Buen ambiente en general y precios muy parecidos al salón Victoria. La sangría con vodka estaba muy bien preparada.
De ahí nos trasladamos a la famosísima Òpera, en 5 de mayo a una cuadra de Bellas Artes. Está cantina ha conservado un estilo antiguo inigualable. Cuenta la leyenda que se conserva un balazo en el techo que disparó el mismísimo Pancho Villa, en alguna incursión que hizo a caballo en la opera. Aunque hoy en día el ambiente más que de cantina es el de un salón familiar, vale mucho la pena ir aunque sea por una cerveza y una botana en la barra o en cualquiera de sus cubículos, que están muy agradables.
Ya con poco tiempo, y sin mucho espacio para comer o beber algo más, fuimos a la no menos famosa Gallo de Oro, fundada en 1874 (eso dice afuera). Ésta se ubica en la esquina de Bolivar y Venustiano Carranza, a una cuadra del Eje Central. Aquí lo que más llama la atención es la carta que tienen, que incluye cortes argentinos como el bife de chorizo y el de lomo. Las pantallas de televisión son enormes, lo que la convierte en una muy buena opción sobre todo si tú principal interés ese día es ver el fut,. La atención excelente.
En cuanto a precios, estas dos últimas son más caras que las primeras, lo que corrobora que hasta en las cantinas hay para todos los gustos, colores y sabores.
En fin, sé que hablar de las cantinas del centro de la ciudad de México podría dar para varios tomos de la enciclopedia Larrouse, pero a mi sólo me alcanzó para ir a estas, sin embargo, estoy seguro que todos ustedes conocen algunas otras, así que compartamos nuestras cantinas favoritas.
Ya en la noche nos metimos a un lugar muy interesante: La Capital del Sexo, pero de ese platicaremos otro día.
Un abrazo para todas y todos.
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