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AP/NBC. El sudcoreano Cho Seung-Hui aparece en una posición similar a una secuencia de la pelicula Taxi Driver, de Martin Scorsese |
El lunes fui al Camino Real a hacerle una entrevista a Francis Fukuyama, un filósofo e historiador estadounidense de origen japonés que se hizo célebre en la década de los 90 por su controvertido libro ‘El fin de la Historia y el último hombre’ (1992). Mientras hablaba con Fukuyama, las televisoras de todo el mundo pasaban imágenes de una masacre en un tecnológico de Estados Unidos.
¡Que enorme paradoja! que mientras entrevistaba a uno de los pensadores más representativos de la cultura y los valores estadounidenses, en ese país tuviera lugar la mayor matanza de estudiantes y profesores en manos de un desquiciado, que si bien era sudcoreano, estaba impregnado de la cultura de la violencia norteamericana.
La obra de Fukuyama es en buena medida una apología de la democracia liberal y de la economía de mercado. Curiosamente, ambos conceptos constituyen lo que Immanuel Kant llamaría las condiciones de posibilidad de una masacre como la de Blacksburg, Virginia.
No pretendo para nada aprovechar un incidente de nota roja para desacreditar una compleja y respetable (aunque no la comparto) teoría de filosofía de la Historia. Simplemente hago una correlación que no busca establecer una causalidad, pero que si me sorprende, por lo contradictorio.
En realidad Fukuyama, al mismo tiempo que exaltaba la democracia liberal y la economía de mercado como el mejor de los sistemas políticos conocidos, era bastante crítico con los excesos ideológicos de algunos de sus defensores y actores políticos. Concretamente con el presidente George W. Bush. Todos estos aspectos no aparecen en la entrevista publicada, que se centró en México, pero saldrán más adelante, en unos 10 días posiblemente, en un suplemento del diario.
Fukuyama criticaba la negativa del gobierno de su país a controlar las emisiones de dióxido de carbono, fundamentada en una visión ideológica que se rehusa a poner impuestos a la energía y a los combustibles. Y precisamente, ese extremismo ideológico neoliberal es que el está detrás de la negativa a prohibir la venta libre de armas en Estados Unidos y lo que posibilitó la matanza de Virginia.
Así que una misma visión extremista de la Economía de Mercado es la que contribuye a envenenar el planeta creando el efecto invernadero, por un lado, y permite que un muchacho perturbado compre en una tienda (como si fuera estanquillo) dos pistolas y ¡50 cargadores!
Claro que en la matanza se juntaron otros elementos, básicamente la enfermedad de Cho Seung-Hui, junto con la falta de atención familiar y social a su padecimiento.
En todo el mundo hay personas con problemas psiquiátricos, pero ello no se traduce en matanzas similares, porque no tienen el libre y fácil acceso a las armas que sí existe en Estados Unidos.
Así que si se acerca la estopa a la llama, que nadie se sorprenda de que el resultado sea un incendio.
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