Por Manuel Lombera Martínez
Lo cierto es que no hay un indicador objetivo sobre el desempeño del comercio internacional para cualquier nación, en cambio, depende del punto de vista que se tome.
Quienes tienen buenos ojos sobre el desempeño de México en el juego del libre comercio argumentan que necesitamos tener un déficit con la mayoría de nuestros socios para tener un superávit con la mayor economía del mundo, Estados Unidos.
La explicación es sencilla. Necesitamos importar los insumos necesarios para fabricar, en suelo nacional, los productos que los sajones demandan.
Por otro lado, están quienes miden el éxito del libre comercio con base en la balanza comercial. En las universidades enseñan que tener un déficit (importaciones superiores a las exportaciones) equivale a generar deuda, pues las exportaciones no generan los ingresos suficientes para comprar los productos que vienen de fuera.
En un punto medio, pongamos la atención en el momento de una negociación comercial de libre arancel entre dos países. Ninguno de los gobiernos fija el objetivo en alcanzar una balanza comercial en equilibrio. El dinamismo del comercio internacional obliga a que siempre habrá uno que exporte o importe más que el otro.
La evaluación de los acuerdos comerciales debe centrarse en determinar si importamos lo que realmente necesitamos de otro país y si exportamos con base en las necesidades que otra nación tiene de nuestros productos.
Actualmente, el debate continúa en la Secretaría de Economía. El titular Eduardo Sojo, durante su visita a Japón, declaró que su misión fue ir a convencer a las empresas automotrices niponas de instalarse en México para ensamblar autos y vender desde aquí autopartes a las ensambladoras mexicanas, en lugar de enviarlas desde Japón. Esto genera empleos en México y flujos de divisas. Surge la pregunta. ¿Es el mejor de los mundos para un país integrado al mercado global sustituir importaciones por inversión extranjera directa y mantener las exportaciones?
En cualquiera de los escenarios analizados habrá un país perdedor y un ganador. El comercio internacional es un juego dinámico donde la característica permanente es la competencia. En todo caso, cada país debe evaluar las fortalezas que debe explotar.
En el caso de México existe una realidad permanente. Tenemos frontera al norte con los mayores consumidores del mundo. Eso determina en alto grado nuestro comportamiento comercial con los demás países.
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